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La educación es para todos: desigualdad en cuanto a personas con discapacidad

Juan Revollo Valencia

Bolivia. Priorizar la formación profesional de las Personas con Discapacidad (PcD) debe ser una de las políticas gubernamentales. Comenzaré con algo personal.

Recuerdo aquella tarde de verano del '99 cuando en la casa de mi pueblo, mientras jugaban dos de mis pequeños hermanos, de repente escuchamos gritos. El querosene del mechero había cubierto de fuego casi todo el cuerpo de la niña. Al apagar, ya era tarde. De inicio significó años de sufrimiento para toda la familia. El siguiente año, durante las inscripciones a la escuela, la profesora de curso dijo que mi hermana no podría pasar Educación Física, por las dificultades en los movimientos de los pies por lo que no la recibieron en su propia escuela, de manera que tratamos de buscar otra escuela. Fue de esa forma que se vulneró el derecho a la educación de mi hermana. Ni autoridades ni nadie que reclamara por sus derechos, en esos tiempos los profesores mandaban en el pueblo, aunque la prepotencia de mis autoridades de hoy no es novedad. Hoy mi hermana no ejerce derechos en mi pueblo, este año el pueblo quiso obligar a cumplir un deber: no entendieron que cualquier persona tiene que ejercer derechos para ejercer deberes; este reclamo casi nos cuesta la vida de mis padres, puesto que para las autoridades de mi pueblo no son las razones lógicas o legislativas los que deben primar sobre toda persona.

Hoy, para muchos basta la inclusión a la educación de las personas con discapacidad estipulada en la Ley de Educación boliviana Avelino Siñani - Elizardo Pérez, o que la educación es para todos. Esto podría ser sólo un avance, en un porcentaje menor, del ejercicio de derecho a la educación de las personas con discapacidad, pero eso sólo es una realidad legislativa, no así un ejercicio real. De manera que las familias de las personas con discapacidad y las mismas PcD viven contrariedades legislativas o sociales. Si hacemos una comparación de aquellas familias que viven con por lo menos un miembro con discapacidad y aquellas que no tienen vamos a tener que reflexionar y concluir que es necesario priorizar o dar más oportunidad a las personas con discapacidad. Una familia que vive con uno de los integrantes con discapacidad mental necesitará siempre una atención permanente, peor aún alguna otra familia que tiene algún hijo o hija con parálisis cerebral severa, no sólo requerirá de medicamentos o una atención más especial, sino que tendrán que vivir cuidando de éste como a un niño por toda su vida.

Si conocemos a algunas personas a quienes se le amputaron los pies o manos o tienen alguna lesión, siempre, hasta su muerte, estarán acompañados del dolor, conviven con él, más tarde quizás necesiten atenciones médicas porque por el esfuerzo que dan con el uso de la silla de ruedas o las muletas, por el mismo peso del cuerpo, las articulaciones van desgastándose, pero nunca más volverán a disfrutar, aunque la ciencia avance, de una vida normal: corretear, tomar el micro, trasladar la mercadería del mercado, usar la computadora, disfrutar la ducha, enamorar con la chica o chico que le guste, ir al colegio o universidad y llegar a tiempo a clases; si va en silla de ruedas siempre será molestia y esperará por algunas personas que le ayuden a subir las escaleras. En los pueblos rurales, aunque ya la población sabe leer e informarse, la situación en discapacidad de alguna persona será la alegría de algunos y fortalecimiento de la superstición para otros y todo lo demás. Pero nunca más una persona con discapacidad volverá/llegará a ser una persona normal.

Profesionalizarse implica grandes o pequeños montos monetarios, la cosa es ¿quién o qué familia tiene más posibilidades económicas para que su hijo con discapacidad realice estudios superiores? ¿O es que los familiares de las personas con discapacidad tienen ingresos más altos para que se pueda comparar de igual la situación económica con otras familias? Para que una persona con discapacidad, sin compromiso de daño intelectual, pueda continuar estudios superiores de Pregrado y Postgrado, no se tiene que comparar con una persona normal. Entiéndase que el gasto económico en la familia con sólo una persona con discapacidad es muy alto, mayor que de las familias "normales". Si una persona con discapacidad concluyó la licenciatura, será el último en encontrar una fuente laboral en comparación de sus compañeros. Por su parte, las personas con discapacidad mental severa no tienen, en lo absoluto, oportunidad de ingresar a la escuela. Darles mayores oportunidades educacionales a personas con discapacidad o a sus familias podría ser la inclusión en la educación, no solamente decir que ahora la educación es para todos. Es necesario priorizar la formación académica y técnica productiva hasta el último postgrado a las personas con discapacidad para hablar de la igualdad social.


For the exercise of silenced people rights!
Ch'inyachisqa runap chayaqikunata junt'achinapaq!
En defensa de los derechos de las personas acalladas!


Publicado: octubre 2011

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